domingo, 25 de noviembre de 2012

Siete días; ocho días~

Esperábamos que esto fuese eterno, que todo durase con un 'para siempre' que todo tuviese futuro. 
Pero no, todo no era para siempre, todo cambia, hasta los defectos, hasta las personas, hasta tú y yo. Todo cambia en un abrir y cerrar de ojos, todo cambia sin ser llamado, todo cambia así de fácil, así de sencillo. No habría durado para siempre, tampoco esperábamos mucho de él uno del otro, tampoco creíamos un amor eterno, tampoco creímos que lo nuestro era cierto. La vida iba pasando cada día más despacio, pero seguía pasando, pero seguía siendo vida, pero seguía llamándose vida. Esperábamos llamadas, mensajes, textos escritos, textos sin argumentos, textos en los se acababan con un 'yo más'. No; no era cierto, no siempre llevábamos razón, no siempre quisimos que fuera cierto, no siempre soñábamos cosas bonitas, no siempre nos despertábamos con un 'buenos días cariño', no, siempre no, ni siquiera llegábamos a un habitualmente, ni siquiera sabíamos que habíamos echo con nuestras vidas. Nosotros eramos piezas iguales de un puzzle, teníamos nuestros pros y contras, teníamos un futuro juntos, teníamos una vida llena de ilusiones, esperanzas, deseos. Durábamos un par de semanas; nos enfadábamos, nos reconciliábamos, y así era nuestro día. Pero de un día para otro; te escribí aquella carta, esa maldita carta, en la que te decía, tal vez un 'adiós' o no, solo te decía que te merecías algo mejor, que yo no era para ti, que eramos polos opuestos, que nos queríamos a nuestra manera, que nos queríamos hasta que nos dolía el alma. Te decía, que siempre quería un final feliz, que siempre quería vivir contigo, que sin ti, no podía. Sí, sin ti no podía vivir; no puedo. Te decía, que un puzzle nunca se formó por piezas iguales, que te quería, te amaba y te volvía amar. Que como tú, nadie me hizo feliz, que eras una de las personas más importante de mi vida; y lo eres, que mi día a día no era lo mismo sin ti, eras demasiado, eres mi vida, eras mi existencia. Lo leíste, y me dí cuenta, ¿qué para qué? ¿qué para qué perderte? ¿para qué sufrir a nuestra manera? ¿para qué?
Eramos iguales, sí. Pero nos queríamos hasta los defectos, nos queríamos hasta que nos moríamos de miedo de perdernos, que eramos echo el uno para el otro, siendo iguales, a la vez tan diferentes. Vivimos ocho días a la semana, siete a veces. Siempre decíamos que lo nuestro era de verdad, que lo nuestro es como la letra de los médicos, nadie nos entendía, ni si quiera nuestros amigos. Pero, ¿sabéis qué es lo bueno? Que lo nuestro fue para siempre, hasta los defectos. Lo nuestro por mucho que nos enfadábamos, por mucho que nos gritásemos, por mucho que dijéramos, que no, que se acabó, fue para siempre, y para siempre será.
No todas las historias tienen un final feliz; pero por lo visto lo nuestro fue para siempre, y por siempre será.
Le amo; hasta los defectos, hasta que me cansé de él, hasta que diga que no, hasta que siga viva. Le amo, por mucho que diga que no, por mucho que dude, por mucho que no seamos diferentes, pero esto es así, a una persona se le ama hasta los defectos, hasta su manera de ser, hasta que no pueda más. 
LE AMO, HASTA ÉL PUNTO EN EL QUE ME DUELE ÉL ALMA. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario